¿Cómo entender la primera y segunda guerra mundial?

•octubre 28, 2007 • Dejar un comentario

Para entender las causas de la primera y de la segunda guerra mundial, es importante saber las ideologías que los países envueltos en este conflicto llevaban a la práctica, cabe decir que muchas de las causas fueron políticas, además de económicas, pero nos centraremos en las políticas impartidas por cada imperio. Solo conoceremos tres que fueron de vital importancia, cabe decir que los otros países involucrados tenían políticas capitalistas que no entraremos en detalle, puesto que estos conflictos se produjeron a causa de la emancipación y ambición expansionista tanto del nazismo alemán como del fascismo italiano.

Nacionalsocialismo:

Para muchos historiadores, el nacionalsocialismo es un movimiento nacido con Hitler, jefe del Partido Nazi desde 1920. Esta opinión merece ser matizada, ya que el nacionalsocialismo, si bien exacerbó las tendencias nacionalistas y racistas, desde luego no las inventó. La continuidad del imperialismo alemán se manifestó de Guillermo II a Hitler pasando por Ebert y Stresemann. Ciertos especialistas del pensamiento protestante hacen remontar a Lutero las raíces del nacionalsocialismo, pero los trabajos recientes muestran cuán grande fue la influencia del catolicismo austríaco en Hitler.
Además el término nacionalsocialismo tiene muchos significados y connotaciones. En su forma más genérica es usado desde hace más de un siglo por varios movimientos e ideologías políticas que propugnan un tipo de socialismo diferente del socialismo internacionalista y marxista, o que son contrarios al mismo. Por una parte, nació en el s. XIX como reacción a la sociedad industrial y a la emancipación liberal. Por otra parte, los movimientos nacionalistas en los Países en vías de desarrollo, específicamente en los estados árabes (socialismo árabe), han propugnado hasta este momento nuevas formas de nacionalsocialismo como alternativa al feudalismo y al colonialismo. Pero en todos estos ejemplos cualquier uso del término lo torna confuso y se complica por el hecho de que el nacionalsocialismo como fenómeno político de dimensiones históricas mundiales indica sobre todo el movimiento político alemán fundado por Adolf Hitler después de la primera guerra mundial (y polémicamente llamado con el diminutivo de nazismo).
Como fenómeno histórico, el nacionalsocialismo se debe definir a dos niveles principales: primero de todo como reacción directa de la primera guerra mundial y de sus consecuencias, pero también como resultado de tendencias e ideas con origen más lejano en el tiempo, vinculadas a los problemas de unificación política y de la modernización social, problemas que dominan el desarrollo alemán desde comienzos del s. XIX. Sin duda fueron la inesperada derrota de 1918 y sus desastrosas consecuencias -materiales y psicológicas- las que hicieron posible la fundación y el ascenso político del nacionalismo. Pero al mismo tiempo es importante considerar el hecho de que las tendencias y las ideas políticas fundamentales del nacionalsocialismo nacieron antes de 1918 y de la guerra, y de que el nacionalsocialismo es más que un simple movimiento de protesta de la postguerra guiado por un eficaz agitador de masas como Hitler.
Ambos niveles -las raíces ideológicas y la realización política- son igualmente importantes en el análisis y definición de los factores principales del nacionalsocialismo. Sus cualidades dinámicas y explosivas pudieron materializarse sólo en la situación de profunda crisis de la Alemania de la primera postguerra, pero los aspectos más extremistas del movimiento se deben explicar como el resultado de deferentes posiciones ideológicas fundamentales con profundas raíces históricas. Éstas forman el marco de la Weltanschauung nacional-socialista, que contiene los postulados principales y el vocabulario específico de valores del nacionalsocialismo, cuyas palabras claves son: nación, raza, espacio vital (Lebenraum), la comunidad del pueblo (Volkgemeinschaft), liderazgo, acción autoridad, sangre y tierra, frente y batalla.

Marxismo.

El marxismo como filosofía :

En sentido filosófico el marxismo puede entenderse como una crítica de la filosofía idealista (Hegel) y del materialismo mecanicista (Feuerbach). La crítica de Marx a la filosofía, que se realiza de modo especial en La ideología alemana, aunque lo esencial ya lo había escrito Marx en la Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, tuvo como principal interlocutor a Hegel, ya que Hegel significaba la expresión más madura y modélica de lo que la filosofía era como “interpretación” de la realidad, conteniendo al mismo tiempo los gérmenes para una transformación de la filosofía, y porque en Hegel tenía lugar la consumación teórica e ideológica del mundo cristiano-burgués.
El derrumbamiento del sistema hegeliano vendría a significar el derrumbamiento de la concepción cristiano-burguesa del mundo. Entendiendo por filosofía lo que la “conciencia filosófica anterior” entendió por filosofía, el marxismo lleva a cabo una dura crítica de la “filosofía como filosofía” proclamando su desaparición tras su superación. “La filosofía como filosofía” es conceptuada como una ideología cuya necesidad ha sido histórica, pero que de eliminarse su fundamento real, “la miseria social”, ya no será necesaria.
A pesar de todo, el marxismo puede ser considerado en Marx como una filosofía en sentido tradicional, en cuanto que su crítica contenía los gérmenes de una ontología y de una concepción del mundo que se proponía llevar a cabo una clarificación racional de la conciencia, encerraba una cultura y dilucidaba el lugar que debe ocupar el hombre en el mundo.

El marxismo como ciencia :

En sentido económico-sociológico, el marxismo pretende ser una teoría de la realidad social, más en concreto de la sociedad burguesa capitalista, una crítica y alternativa a la economía política inglesa (Ricardo, Quesnay, Adam Smith), una “macrosociología” y una ciencia de la historia. La atención prestada a la explicación de la génesis, descripción de la estructura y crítica de la sociedad capitalista, y la predicción del derrumbamiento de esta sociedad, víctima de sus crisis internas y de la fuerza revolucionaria del proletariado, parecen hacer de Marx fundamentalmente un economista y un sociólogo.
La aportación fundamental de Marx a la economía política se encuentra en su obra El capital. Marx demostró el carácter histórico de los modos de producción y de las leyes que rigen su funcionamiento rompiendo con la concepción ahistórica de los economistas clásicos y de sus leyes económicas.
La complejidad de la doctrina económica de Marx puede resumirse en seis rasgos primordiales: 1º) La idea de que los productos lanzados al mercado tienen un precio. 2º) La idea de que para obtener esos productos se usa el trabajo de los asalariados, trabajo al que se da asimismo precio, convirtiéndose en mercancía. 3º) La idea de que lo producido por el asalariado tiene un valor superior al salario recibido por el trabajador, y ello aun descontando los costos de producción, distribución, etc. Este plus en cuestión es la plusvalía, que es arrebatada al trabajador por el capitalista. 4º) La idea de que tanto el progreso técnico como las necesidades de competencia obligan a los capitalistas a formar grandes monopolios, destruyendo este modo las empresas pequeñas y la clase social (pequeña burguesía) poseedora de estas empresas. 5º) La idea de que hay crisis inevitables en el mercado capitalista (crisis de superproducción, por ejemplo) y que estas crisis producen conflictos (incluyendo guerras) en el curso de los cuales el capitalismo se autodestruye. 6º) La idea de que la cantidad de proletarios y desposeídos aumenta a medida que la cantidad de capitalistas y opresores disminuye.
Una interpretación cientificista de Marx ha visto en su doctrina una teoría puramente científica (económica, histórica y sociológica). Convencidos de que Marx, en el curso de su labor investigadora, evolucionó desde la filosofía hasta la ciencia, los defensores de esta interpretación sólo conceden a la obra de juventud de Marx un interés puramente histórico y concentran toda su atención en sus realizaciones de madurez, sobre todo en El capital. Esta interpretación del marxismo fue hecha ya a finales del siglo XIX por los teóricos principales del llamado “marxismo ortodoxo” (Kautsky, Plechanov, Hilferding) al presentar un marxismo, “en indicativo”, como una ciencia objetiva no interesada en ningún juicio de valor. Dentro del movimiento comunista, esta interpretación “cientificista” del marxismo hizo sentir su influencia en la versión que le dio la escuela mecanicista, por lo menos hasta 1929.
Pero fue Lous Althusser quien, especialmente en su obra La revolución teórica de Marx, se acercó a la visión “cientificista”, aunque no se identificara con ella. Althusser estableció una oposición entre la obra de juventud de Marx y su obra de madurez: entre ambas existiría una “ruptura epistemológica”, concepto que Althusser tomó de Bachelard, entendido como el paso de una problemática precientífica, mezclada todavía con ideología, a una problemática auténticamente científica.
El paso de la ideología a la ciencia no significaría, sin embargo, una negación de la filosofía. Cuando en 1845 Marx rompió con el discurso ideológico de su juventud, había fundado ya, dice Althusser, una ciencia nueva: el materialismo histórico; pero, a la vez, una filosofía: el materialismo dialéctico; y esto en un solo movimiento. El objeto del materialismo histórico era la sociedad; el objeto del materialismo dialéctico era el conocimiento científico. El capital, que fue la obra más significativa de Marx, tiene a la vez un significado científico y un significado filosófico. Por un lado, fundamenta la ciencia de la economía, es decir, la ciencia de un determinado sector de la sociedad, y por otro, presenta una nueva concepción del conocimiento.
Es aquí donde radicaría para Althusser el más genuino sentido de la filosofía de Marx, que se encontraría en el polo opuesto del humanismo y del historicismo, que dominaban su obra de juventud. Althusser, al sostener la existencia de una ruptura epistemológica entre el primer Marx filósofo y el segundo Marx científico, ha destacado el carácter estructuralista de este pensamiento como explicación de las estructuras fundamentales de la sociedad humana. El descubrimiento de estas estructuras haría posible comprender las estructuras superficiales y más visibles no sólo en una determinada fase de la historia, sino en toda la historia humana.
No obstante, hay que reconocer, con Ferrater Mora, que aunque pueda haber diferencias entre los “dos Marx”, los intereses del Marx maduro de la Crítica de la economía política y de El capital no parecen ajenos a los del joven Marx, especialmente el de Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, cuando menos en la medida en que en éste se desarrolla también un esfuerzo por comprender la alienación real que caracteriza el trabajo desde el momento en que cesa de funcionar el comunismo primitivo. Además, la estrecha relación entre teoría y práctica y la decidida negación de un abismo entre hechos y valores constituyen supuestos que parecen constantes en todas las fases del pensamiento de Marx.
El marxismo como praxis revolucionaria
En sentido político, el marxismo significa una crítica a la acción política del socialismo utópico francés (Fourier y Proudhon, Saint-Simon, etc.) y una praxis revolucionaria (socialismo científico) encaminada a la transformación de la realidad y de la estructura económico social. En realidad, éste es el gran objetivo que persigue toda la formulación teórica del marxismo desde los primeros hasta los últimos escritos: “los filósofos se han limitado a interpretar variamente el mundo; pero lo que importa es transformarlo”, escribió Marx. La teoría marxista, por tanto, logra su suprema concreción allí donde se proyecta en una acción histórica. La praxis revolucionaria, concebida desde un principio como un doloroso proceso de aprendizaje, debía estar abierta a una revisión permanente y a una concreción renovada.
El marxismo, como la teoría de una praxis que se ha articulado a partir de la problemática de la sociedad burguesa moderna y de su civilización industrial, aparece como un intento, sobre todo práctico, por resolver esa problemática de un modo reflexivo y teórico en una determinada dirección. El interés práctico, que en el ámbito teórico actúa como conductor del conocimiento, se expresa en el problema de cómo es posible liberar la creciente productividad del trabajo industrial de las cadenas y de los efectos destructivos que de suyo tiene en su forma de organización capitalista.
El movimiento práctico, mediante el cual se realiza este interés, está concebido en el marxismo como un proceso de autodefensa y autoliberación de aquellos que sufren los efectos negativos de la sociedad burguesa, como emancipación de las clases trabajadoras de las clases poseedoras. Las clases trabajadoras están resumidas bajo el nombre de “proletariado”, y el sector que determina el carácter de este movimiento es la mano de obra industrial. El objetivo de este movimiento es la apropiación de los medios de producción modernos por los productores inmediatos. La expropiación de los medios de producción es un momento esencial de esta apropiación, que conduce a una sociedad sin clases en la medida en que se convierta en una apropiación universal, es decir, en la medida en que suprima las limitaciones de la división actual del trabajo y distribuya a cada individuo una cantidad de fuerza de producción.
Esta orientación marcadamente práctica del marxismo es la que estaría presente en las interpretaciones de Karl Vorlander, quien sostiene la idea de que el socialismo no puede desligarse de exigencias. Pone de relieve la inspiración de carácter ético de toda la obra de Marx, obvia en los escritos de juventud, pero también presente en El capital. La misma tesis fue defendida por Maximilien Rubel en su obra Karl Marx. Essai de biographie intellectuelle (1957). Según esto, en la obra de Marx no habría ningún paso de un punto de vista ideológico a una posición científica, sino que, más bien, toda ella se encontraría marcada por la dualidad entre una ciencia objetiva y una ética revolucionaria. “Como método objetivo de investigación, el materialismo histórico se ocupa esencialmente del análisis de los hechos históricos, cuya conexión establece ajustándose rigurosamente a un tipo de precisión de carácter científico; como doctrina ética trata de formular los principios que tienen que dirigir la actividad de la clase proletaria para conseguir la liberación y para organizar una sociedad completamente humana”.
El significado más apropiado, por tanto, para designar de un modo general lo “marxiano” sería considerar la teoría y la práctica de Marx como un humanismo real, revolucionario y militante, como teoría de una praxis de la emancipación humana dentro de una civilización industrial internacional convertida en una unidad. El marxismo, en cambio, no habría sido creación del propio Marx, es decir, no representaría la suma de las opiniones de Marx, sino el complejo producto histórico de las interpretaciones de las teorías de Marx. Como filosofía universal de base materialista, comenzó donde Marx terminó, es decir, creando un sistema cerrado en sí mismo, de intuiciones filosóficas, económicas y sociopolíticas.

Fascismo italiano.-

Según hemos observado anteriormente, el señor Cambó no considera la guerra como una de las causas determinantes de las dictaduras. No nos es posible combatir este criterio oponiendo, nuestros argumentos a los de nuestro preopinante, por la sencilla razón de que no aporta ninguno, limitándose, con su ligereza habitual, a formular una desnuda afirmación sin apoyarla en hechos concretos. Ahora bien: el análisis de estos hechos nos conduce a la conclusión de que el movimiento fascista, culminante en la toma del poder en 1922, y la instauración de un régimen típico de dictadura burguesa descarada, es un producto directo de la guerra.
Una ojeada a la situación económica italiana de anteguerra ha de demostrárnoslo.
El capitalismo italiano es joven. Como hace notar el profesor E. Varga (1) , la economía italiana ofrecía, en las postrimerías del siglo XIX, un carácter agrario-feudal que conservan todavía las regiones meridionales. Italia carece de materias primas (carbón, petróleo, algodón, metales, etc.), circunstancia que acarreaba su dependencia de otros países. El exceso de mano de obra, determinado por la extraordinaria densidad de población (130 habitantes por kilómetro cuadrado), compensa en cierto modo esta circunstancia negativa, facilitando el desarrollo de la industria a base de salarios bajos.
La industria predominante era la ligera o de transformación, especialmente la textil y la del automóvil.
La industria pesada estaba poco desarrollada, trabajaba como la ligera – a excepción del sector textil de la seda – con materias primas importadas, y se sostenía gracias a los subsidios y demandas del Estado.
En los países donde el papel de la industria pesada es predominante, ésta lleva a remolque y sojuzga, en alianza con los grandes bancos, las demás industrias; adquiere una influencia decisiva sobre el Estado y le obliga a realizar una política en armonía con sus intereses: pedidos de una cantidad creciente de armas y navíos de guerra, sumisión de colonias para la construcción de ferrocarriles, etc., etc. A consecuencia de la endeblez de la industria pesada, el capitalismo tenía en Italia poca base económica para una política agresiva de expansión.
La contradicción entre la industria ligera y la pesada, y entre la industria en general y la agricultura, presentaba más acusado relieve que en ninguna otra nación.
Como todo el mundo sabe, Italia, al estallar la guerra, formaba la “Triple Alianza” con Alemania y Austria Hungría. Pero esta alianza, pactada en 1881 cuando Francia se había apoderado de Argel y de Túnez, privando a Italia de las colonias hacia las cuales podía canalizar su exceso de población, carecía en 1914 de bases económicas. La lucha por los mercados, la porfiada competencia en los Balcanes y el Próximo Oriente acercaban el capitalismo italiano a Francia.
Esta fue una de las principales razones de la neutralidad adoptada por Italia durante los primeros tiempos de la guerra. Los adversarios de la intervención eran el proletariado, la industria textil, los grandes terratenientes. El partido socialista italiano, que ejercía una inmensa influencia sobre la clase obrera, había adoptado, contrariamente a los demás partidos de la II Internacional, una actitud de oposición a la guerra. Aunque esta actitud no fuera bastante consecuente desde el punto de vista del marxismo revolucionario, puesto que no llegaba a la conclusión lógica de la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, constituía un serio obstáculo para los designios de los intervencionistas.
La industria ligera, especialmente la textil, esperaba más ventajas de la neutralidad que de la intervención; esto aparte, temía que con la guerra la industria pesada adquiriese una influencia predominante. Por esto, esta fracción de la burguesía representada políticamente por Giolitti, era decididamente anti-intervencionista.
Los grandes terratenientes eran adversarios de la intervención en la guerra, porque no esperaban de ella ningún provecho y porque veían con malos ojos los progresos dela industria pesada.
La tendencia neutralista se veía favorecida, además, por una parte, por el desencanto producido por el fracaso de las aventuras guerreras coloniales anteriores y el ejemplo de los sacrificios que la guerra costaba a los países beligerantes, y, por otra parte, por la presión de los capitales americano y alemán. América, que encontró en la guerra mucho más tarde que Italia, sostenía la política no intervencionista. Alemania, que había fijado su atención en la joven industria italiana, ejercía una gran influencia en la economía del país por medio dela “Banca Comerciale”, en la cual tenía intereses considerables junto con la industria textil italiana. Francesco Nitti, que era y es uno de los representantes políticos más destacados de esta ultima y de la tendencia germanófila, en su obra “L´Europa senza pace”, después de constatar las dificultades que había tenido que vencer la industria italiana en su evolución, como consecuencia de las causas que hemos indicado, decía: “Durante el período en que Italia ha pertenecido a la Triple Alianza ha creado casi toda su industria, ha reforzado su unidad nacional, ha consolidado su situación económica”.
La tendencia neutralista contaba, pues, con una base muy sólida.
La tendencia intervencionista era sostenida de una parte por la industria pesada del norte, alimentada por el capital francés y representada por la “Banca di Sconto”, que confiaba obtener grandes provechos de los pedidos de guerra, y de otra parte por la “Entente”.
Los intervencionistas pusieron en juego todos los resortes para inclinar al país a la intervención en la guerra. Entre neutralistas e intervencionistas se entabló una lucha violenta que no era, en realidad, más que una lucha entre dos tendencias del capital financiero internacional: Alemania y la “Entente”. Esta desplegó una actividad extraordinaria, compro periódicos, subvencionó a hombres políticos, manifestó una súbita ternura por los pobres pueblos opresos y arrebatados por Austria a la “Italia irredenta”, señaló los beneficios que el país italiano obtendría de su intervención en la guerra.
Era relativamente fácil vencer la resistencia de los agentes alemanes y americanos y la de los grandes terratenientes. Lo era mucho menos vencer la del proletariado. Era necesario buscar un agente entre los medios obreros. El imperialismo aliado lo halló en la persona de Benito Mussolini, uno de los caudillos influyentes del partido socialista, en que se había destacado por su furiosa demagogia y que , en aquellos días, era director del “Avanti”. Mussolini se pronunció decididamente por la intervención y consiguió atraerse un cierto números de militantes socialistas y sindicalistas. El partido le expulsó de sus filas. Con dinero facilitado por el gobierno francés, Mussolini fundó “Il Popolo d´Italia” – que en sus inicios llevaba todavía el subtítulo de “diario socialista” – emprendió una campaña de gran energía contra la neutralidad y empezó a crear partidarios de la intervención y que fueron la base del movimiento fascista.
Con ayuda de sus agentes, de los sectores de la burguesía italiana interesados en la guerra y de los lugartenientes del capitalismo en el movimiento obrero, la “Entente” obtuvo la victoria. El Gobierno presidido por Giolitti, que se hallaba en manos de la industria ligera y de los grandes terratenientes, se vio obligado a dimitir, y el 23 de mayo de 1915 Italia declaraba la guerra a Austria-Hungría.

La nueva vida económica, política y social chilena en el siglo XVIII.

•octubre 17, 2007 • Dejar un comentario

Presentación:

Durante los siglos XVI y XVII en chile, la economía regidora era la de un tipo mercantilista, en el cual las clases sociales o mejor dicho el estatus social se alcanzaban con el solo hecho de ser español o de ser dueño de una encomienda y hacendado, desprestigiando totalmente a los indios, tratándolos como esclavos y tomándolos como objeto de compra y venta.

Este tipo de trato a los indígenas, se mantuvo durante los siglos recién mencionados, pero al declinar el siglo XVII y pasando al siglo XVIII hubo muchos cambios tanto en España como en Chile, que hicieron de éste, una colonia con una nueva cara. La era de los Habsburgo había llegado a su fin, siendo reemplazada por la era Borbónica quienes eran déspotas ilustrados.

Con la llegada de los borbones al trono español hubo cambios que se hicieron nombrar en chile; en el ámbito económico, fue la creación de sistemas bancarios, hubo una estabilidad económica y se creó un estable comercio con Europa, como cambios fundamentales para el ejercicio de contrabando, entre otros. Los cambios sufridos en España se hicieron notar con fuerza en Chile, puesto que los nuevos gobernadores de la colonia, ejercieron sus principios en el territorio americano, creándose así nuevas formas de diferenciar las clases sociales o mejor dicho diferenciar un estatus social de otro. No podemos olvidar que gracias a los principios de los nuevos regidores de España, se crearon nuevas formas de pensamiento, de actuar y formas de gobierno.

Una de las principales formas que afecto a chile, fue el nuevo manejo del poder en España y el principal énfasis que se le dio a lo económico, ya que los Borbónes poseían ideales tales como “el éxito se adquiere por riqueza”. Uno de los principales objetivos de la nueva descendencia española fue sacar a España de la decadencia que estaba sufriendo, de acuerdo a ello, España estaba pasando por un duro momento, puesto que había perdido sus posesiones en Europa, su prestigio estaba decayendo, se estaba empobreciendo, etc., generando así una nueva dependencia de España en América, regresando para obtener sus recursos, inculcando a los habitantes de Chile a pagar tributo y volver a tener una importancia dentro de las potencias de Europa.

Para lograr aquello, se crearon sistemas nuevos de economía, se instauraron nuevas instituciones, se fundaron más ciudades y villas como epicentros de trabajo, hubo cambios administrativos, todo con el fin de generar mayor riqueza. Los nuevos cambios sufridos no solo en Chile sino en toda América, fueron muy radicales, ya que como veremos más adelante, ascendió una nueva burguesía, una burguesía aristocrática.

Mientras el comercio crecía, en España y en Chile se miró desde el siglo XVIII con otros ojos al Status Social, principalmente a la clase Elite, ya que las formas de gobierno implicadas en América, eran sólo de confianza del rey, por tanto, déspotas ilustrados, que jugaron un papel esencial en el transcurso del siglo y que hicieron usufructo del poder de una manera estricta.

Todos estos cambios se dieron por causas fundamentales, no solo económicas, sino también políticas y sociales, en cual en el presente trabajo se pretende demostrar como objetivo específico, responder a cual fue o fueron las causas que generaron un nuevo status, reflejado en la nueva élite social, basada sólo en la riqueza, sin importar si se trata de un indio o de un español, dejando a un lado a la clase aristocrática sobre el ejercicio del poder. ¿Qué elementos fomentaron este cambio?, para responder al objetivo planteado se comenzará hablando sobre los “principios” de la dinastía borbónica y las reformas económicas, políticas y sociales que influyeron en la formación de un status social distinto al ya existente, con el fin de abarcar un estudio desde el punto de vista social, económico y político para dar a conocer una aproximación a respuesta en la parte final del trabajo.

Concepto sociológico: Status Social.

Hasta 1920 aproximadamente, la palabra “Status” se empleaba por lo común, para designar las capacidades y limitaciones legalmente reconocidas a las personas o su superioridad e inferioridad relativa.

En tiempos más recientes parece que los derechos y los deberes establecidos por la ley, han disminuido en importancia ante los establecidos por la costumbre, con lo que la palabra “Status” ha perdido su connotación ordinaria y ha venido a significar cualquier “posición dentro del sistema social”.

Es de señalar que, mientras empleado en este segundo sentido “Status” ha sido ampliado cada vez más su contenido, en el primero ha ido reduciéndolo. Si antes la superioridad de “Status” podía referirse a cualquier clase de ordenación jerárquica, de poder, riqueza, honor, ahora para muchos sólo significa estima, prestigio, honor, respeto, es decir diversas formas de evaluación. [1]

Para Max Weber, mantenía que aquellos que poseen Status elevados tienden más tarde o más temprano a adquirir riqueza y que los que poseen riquezas tienden a elevar su Status.[2]

El ideal político de la nueva monarquía: el Despotismo Ilustrado.

El ideal político de los Borbones de España fue el de Luís XIV: “El Estado soy Yo”. Sin embargo, este ideal incompatible con las tendencias políticas del alma española y con su pasado histórico, no despertó grandes resistencias, salvo la revuelta catalana, provocada artificialmente por el pretendiente Austriaco, que tomó un rumbo más bien separatista.

Definiendo el régimen transportado a España por los Borbones, caracteriza ese ideal un marcado interés por los problemas interiores de la vida de la nación que se refieren a la mejora de las condiciones económicas, sociales y de cultura; la restauración de la riqueza general y de la hacienda; fomento de la población y del cultivo del suelo; renacimiento de las industrias tradicionales y de las relaciones mercantiles, tendencia a levantar la condición social de las clases inferiores; difusión de la cultura con un marcado carácter popular y con el deseo de arrancar a la masa del estado de ignorancia en que vivía; todo lo cual, combinado con el sentido filantrópico dominante en las ideas de carácter social, significaba una especie de revolución desde arriba, y llevaba en su fondo un sentimiento democrático quizá no bien definido, pero que producía sus efectos.[3]

Las características de la nueva monarquía no es más que tomar de la Ilustración lo que les conviene y, apoyándose en ella, introducen en sus estados una serie de reformas y mejoras importantes: suprimen los restos que aún quedaban de feudalismo; protegen la agricultura con la construcción de canales y pantanos y con la introducción de nuevos cultivos; urbanizan y modernizan las ciudades.

Introducen reformas judiciales, por ejemplo, suprimiendo la tortura que hasta entonces se había utilizado por los jueces como forma corriente de investigación; y crean multitud de centros educativos, como academias y universidades. Sin embargo, estas reformas se llevan a cabo sin contar con el pueblo; el lema del despotismo ilustrado es “todo para el pueblo pero sin el pueblo”.

Además, rechazan lo que es más importante de la Ilustración: la libertad política. Por eso, la burguesía ilustrada, que al principio apoya la reforma de los reyes, cuando ven que estos no conceden lo más importante, la libertad, se vuelve contra el absolutismo y se producen revoluciones.[4]

A pesar de que los filósofos ilustrados criticaron la política y la sociedad de su época, no pretendieron que los cambios se dieran por la vía revolucionaria; confiaban más bien en un cambio pacífico orientado desde arriba para educar a las masas no ilustradas. Varios monarcas aceptaron las ideas propuestas por la ilustración y dieron origen al despotismo ilustrado.

Los problemas del Estado absolutista requerían de la colaboración de hombres calificados y con nuevas ideas, dispuestos a reformar e impulsar el desarrollo político y económico de las naciones. El monarca ilustrado es un soberano que acepta los principio de la Ilustración y deseo ponerlos en práctica para lograr una mayor eficiencia del Estado, en beneficio de éste y de los súbditos.

El temor a la innovación es sustituido por una creencia en la posibilidad de alcanzar un futuro mejor, no por un cambio súbito, sino por una paciente labor educativa y legislativa, para la cual se necesitaba la colaboración de los ilustrados, cuyas ideas no constituían un pensamiento meramente especulativo, sino se convertirían en programas de gobiernos y se llevarían a la práctica.[5]

Una de las principales diferencias entre la primera y la segunda dinastía es una idea errónea del contraste entre el concepto político-social de la difunta monarquía austriaca y el de su heredera. Podría creerse que a la primera le era indiferente la suerte del pueblo, por espíritu oligárquico y la de la nación por laxitud del impulso vital. Felipe III sentía con más viveza que Felipe V la miseria popular, y el orgullo de la grandeza española no desapareció aún en los momentos de mayor abatimiento y miseria. Pero Monarca y Nación estaban paralizados por un fenómeno en el cual nunca se insistirá bastante, si se quiere comprender el caos sociológico de la España del siglo XVII: la parálisis producida por la supeditación del instinto político por el sentimiento religioso.[6]

La ilustración española no rompe, pues, por completo con el pasado ni se lanza a un culto abstracto de la razón, sino que busca la solución de los problemas patrios en un terreno más práctico que especulativo y sin desarraigo de los propios valores nacionales. El estado absoluto se mira como un instrumento necesario para alcanzar el bien común, que no es ahora la realización de un perfeccionamiento ético sino el logro del bienestar material. El estado pierde así la función teológica y trascendente que se había fijado en la época barroca, para encaminarse exclusivamente a objetivos de tipo temporal.[7]

El nuevo concepto de estado del despotismo ilustrado, implementado a través de una serie de reformas, torna militarmente eficiente y unida a la burocracia estatal. Esta quiere ahora ejercer efectivamente el poder y, entre otras cosas, manejar el ámbito rural, como una alternativa más del potencial productivo y sumiso de un conjunto colonial.[8]

Reformas políticas, económicas y sociales de la nueva dinastía en América.

La llegada de los nuevos virreyes y principales administradores del régimen impactó naturalmente a la muy tradicional sociedad hispanoamericana. Llegan majestuosos con sus pelucas empolvadas y su nueva pompa francesa. No son grandes de España como los que les antecedieron, pero les hay nobles y de extracción burguesa, extraordinariamente competentes la mayoría. Con ellos se inicia un nuevo tipo de administración más ágil y moderna que pondrá fin al abuso de los corregidores y a la situación crítica que de ello se derivó.[9]

La situación de aislamiento geográfico de Chile respecto del resto de América, hizo que su administración adquiriera características peculiares desde los inicios de su existencia como posesión española. A pesar de la excesiva tendencia centralizadora de la monarquía, se observa un sentido de relativa independencia para dar solución a los problemas más inmediatos y también cierta pasividad, que imprimía a las instituciones una tónica de ineficiencia y falta de decisión en el actuar.

Por otra parte la ignorancia y la inexperiencia de los funcionarios, sobre todo los de menor jerarquía, hizo que el manejo de los asuntos de gobierno fuera deficiente, engorroso, lento y equívoco. Esta forma de trabajo era común en América hacia el siglo XVIII, y Chile no constituía una excepción, en particular si se considera que desde fines del siglo precedente los funcionarios asumían el cargo por designación del rey o de sus subordinados en España, que desconocían la situación misma que vivía el país. De allí el nombramiento de favoritos o personas que pululaban por la corte solicitando favores. La costumbre de vender los cargos públicos, como medio para obtener ingresos adicionales para el tesoro, agudizaba la situación existente.[10]

El objetivo que inspiraba estas reformas era enteramente auto-referencial. Fueron diseñadas para intensificar el control español, no para soltar amarras. La riqueza del continente debía ser explotada en forma más eficiente. Había que minimizar los peligros externos, y los grupos de interés local cada vez más pudientes, leales en lo político pero promiscuos en lo comercial, debían ser objeto de un mayor control. Se pensaba que con una mayor centralización, un fortalecimiento más intenso y una recaudación tributaria más eficiente, se revertiría la ola de decadencia que pasaba España a comienzos del siglo XVIII.[11]

La legislación, de por sí mejor estructurada que la del siglo XVII, perdía gran parte de su operatividad, ya que los funcionarios se guiaban por su escaso sentido común, más que por las normas y disposiciones vigentes, que muchas veces quedaban sin aplicarse porque los encargados de hacerlo no las entendían.[12]

Durante el reinado del primer Borbón se iniciaron las reformas de la administración de las indias, las que comenzaron por diversas medidas que estuvieron destinadas a reducir la importancia del antiguo consejo de indias.

Una de las reformas consistió en dividir al consejo de indias en tres salas, cada una de las cuales tendría en adelante un presidente. Además se le quito el conocimiento de las materias de hacienda. Continuando esta política, desde 1717, las atribuciones del consejo quedaron reducidas a materias de orden judicial y a opinar sobre los asuntos en que el rey decidiera consultarlo.

La segunda reforma, muy relacionada con la anterior, fue hecha en noviembre de 1714 y consistió en la creación de cuatro ministerios o secretarías, uno de los cuales era, precisamente, el de Marina e Indias. En 1787, durante el reinado de Carlos III, la secretaría de Marina e Indias se dividió en dos, una de las cuales atendía los negocios de Gracia y Justicia, y la otra los de Guerra, Hacienda, Comercio y Navegación. Con esto se daba el golpe de gracia definitivo al Real Consejo de Indias, el cual, aunque perduró hasta 1834, ya sólo era una sombra de la antigua institución.[13]

Más importante aún es la reforma del tráfico metropolitano: que desde 1721 las flotas y galeones son complementados con navíos de registro, que tras obtener autorización administrativa, afrontan la navegación colonial uno a uno, sin ajustarse a la vieja ruta del monopolio. Es el comienzo del fin del viejo sistema mercantil, pese a que hasta mediados del siglo se suceden las tentativas de restaurar su funcionamiento regular.[14]

Todas las reformas administrativas persiguieron dos fines fundamentales: dividir un imperio cada vez más difícil de gobernar, y centralizar su administración. Estos objetivos motivaron a la creación de dos nuevos virreinatos, el de Nueva Granada, y el Del Plata; ambas creaciones pretendieron reducir los avances de tipo comercial y militar de las potencias extranjeras en territorio hasta entonces periféricos. La introducción de intendentes y subdelegados se inspiró en este mismo fin.[15]

La existencia de una máquina burocrática con pretensiones intervencionistas, fruto de las nuevas concepciones ilustradas, hizo que este estado fuera especialmente poderoso. Un mayor numero de aspectos de la vida social, no sólo administrativos, cayeron bajo su supervisión; a estos aspectos sociales el Estado imprimió su sello racionalizador. El Estado, por tanto, se adjudicó un papel que le permitía dictarlos términos de la conducta política, constituyéndose en el único actor político.[16]

En la parte económica el notable aumento de los gastos públicos conlleva necesariamente a efectuar una profunda política de saneamiento financiero. Las deficiencias administrativas, en particular las de la Hacienda, eran aún más notorias en América, pues la administración en estas posesiones había caído en la peor de las corrupciones y el panorama que presentaba el manejo de la Hacienda era casi aterrador. Se caracterizaba por un método increíblemente primitivo de contabilidad, una organización relajada, funcionarios torpes. Pero, ante todo, la causa fundamental de aflicción fue la deshonestidad de los mal remunerados funcionarios de Real Hacienda, herencia de costumbre de vender los oficios.

La visión Ilustrada tendía hacia la aplicación de una política administrativa y de control común a los territorios. Naturalmente, dentro de su concepto económico, debía iniciarse con la reforma del control de la Hacienda, en la medida que ella haría posible lograr mayores ingresos que permitieran trasformar la organización administrativa del imperio.[17]

La reforma mercantil, en primer lugar, abre finalmente al comercio recíproco un largo número de puertos peninsulares y americanos, entre los cuales establece un “libre comercio”. Este aporta como innovación fundamental, más que la supresión legal del monopolio de los convoyes, que había caído en desuso, la del sistema de navíos de registro, que había reservado a Cádiz el papel de puerto exportador abrumadoramente dominante, si no ya excluido, y había restringido el numero de navíos disponibles para el tráfico, a más de prolongar a veces interminablemente los plazos para la concesión de las autorizaciones que al fin eran otorgadas. El reglamento de comercio libre, por otra parte, no abría las colonias al comercio extranjero. Su propósito era cabalmente el opuesto: dar nuevo vigor al comercio metropolitano frente a la presión incesante de contrabando. Los productos de origen no español podía alcanzar los mercados coloniales de modo legal sólo a través de la intermediación por la metrópoli, y pagando impuestos adicionales.[18]

Dentro de las reformas borbónicas, se hizo efectuar una mayor importancia a las reformas implantadas en la minería y en la agricultura. En la minería se observa que el decaimiento de la explotación del metal precioso fue a causa de la pobre tecnología, la deficiencia en recursos y una mano de obra sin preparación técnica. La Corona se preocupó por arreglar estas deficiencias con el fin de mejorar y sacar del hoyo en que estaba inmersa España. Se mejoró la tecnología, se crearon tribunales especiales, se formo un cuerpo legal y el más importante de todos, fue que la mano de obra fue libre y asalariada. En el ámbito de la agricultura se siguió con el funcionamiento del siglo XVI, pero en lo que cambió fue que se expandió la propiedad individual en desmedro de la comunal.[19]

En el ámbito social, Carlos III era partidario de un nuevo tratamiento a los indígenas, produciendo una especia de reforma agraria que les diese tierra en propiedad o en arrendamiento para que las trabajasen, incorporándose así al comercio y a la producción de los reinos americanos. Al mismo tiempo, patrocinaba otra reforma de tipo social que consistía en establecer igualdad entre indios y españoles según sus respectivas clases sociales, lo cual se haría efectivo si los indios comenzaban a usar el traje español, medidas que les permitía ser recibidos en las oficinas públicas y casas de gobierno y en las iglesias en igualdad de condiciones.

Esta última reforma, aparentemente muy difícil, tendía a inducir a las grandes masas indígenas a un consumo, si no similar, al menos mucho más alto que el que entonces hacían, activándose así el comercio.[20]

Las reformas borbónicas como la construcción de una nueva élite.

Durante el transcurso del siglo XVII fueron cediendo lentamente las condiciones que dificultaban el ordenamiento social e impedían la definición clara de un grupo local con suficiente capacidad para erigirse en un poder paralelo al de la Corona. Ayudaron a ello, fundamentalmente las transformaciones económicas y políticas de enorme magnitud que acontecieron en la época. El siglo XVIII vio el surgimiento de un estrato alto comercial-terrateniente que compitió y compartió con los funcionarios reales del gobierno de la Colonia.[21]

El desarrollo del comercio y la mayor tranquilidad general determinaron la afluencia a Chile de nuevos grupos de españoles, que ya no eran soldados destinados a la guerra de Arauco, sino comerciantes y funcionarios.

Los vascos y los navarros eran gente de gran tino para los negocios, económicos, apegados al dinero y de mucho juicio. Los castellanos viejos procedían, en su mayoría, de la provincia marítima y montañosa de Santander, en el norte de la Castilla vieja. Vascos, navarros y castellanos se dedicaron al comercio e hicieron fortuna. Por lo demás, los borbones ya habían dejado bien en claro que el ejercicio del comercio no era incompatible con la condición de hidalgo.

Una vez enriquecidos, trajeron nuevos parientes de España, se mezclaron con lo descendientes de las antiguas familias y dieron origen así a una nueva aristocracia. Los criollos ricos y cultos descendientes de vascos, navarros y castellanos aspiraron a desempeñar también altos cargos de la administración pública.[22]

Estos burgueses, grandes señores, cualquiera fuese el origen de su encumbramiento, eran además dueños de la tierra, y nada desarrolla mejor el espíritu feudal que la gran propiedad agrícola, sobre todo en países como Chile, en que, a pesar de la abolición legal de las encomiendas, bajo Carlos III, el régimen del vasallaje rural perduró en las costumbres por largo tiempo, antes y después de 1810.

De esta mezcla de elementos burgueses y feudales sacó nuestra antigua clase dirigente su extraordinario vigor, y también de sus debilidades. El amor al trabajo y a la economía, el buen sentido práctico, y con ello le falta de imaginación, la estrechez de criterio, son rasgos esencialmente burgueses. El ansia de poder y dominación, el orgullo independiente, el espíritu de fronda y rebeldía, han sido siempre, en cambio, cualidades aristocráticas feudales, que denuncian al amo de siervos, al orgulloso señor de la tierra.

Un detalle acentual racial contribuyó a acentuar estas características. En Chile, el problema político no se ha planteado nunca sobre la base de un antagonismo entre conquistadores y conquistados. Desde 1700, los blancos dominaron aquí sin contrapeso.[23]

Cada persona que se enriqueció fue por la posesión de la tierra, el latifundio tradicional logra, pues, su plena madurez y consistencia despejando, neutralizando y dominando los obstáculos que se le oponían en el control de lo rural en todas sus formas. A esta altura de la evolución del latifundio la tierra tiene un significado totalmente distinto que dos siglos antes. Ahora puede producir y tiene valor por sí sola, es decir, que la posesión de la tierra genera poder y prestigio.[24]

De acuerdo a lo anterior, la tierra en sí habla por sí sola y fue un mecanismo de riqueza y poder, aunque la mayoría de las personas ricas fueron españoles, en el siglo XVIII ya no importaba quien estuviese en la clase élite.

Para llegar a lo alto de la escala social, no importa cual sea tu origen, solo cuenta tu capacidad financiera, tener un terreno y formar riqueza. De acuerdo a ello hubieron casos que españoles sujetos a la idea de enriquecerse no lograron un Status Social alto, puesto que desvalorizaron lo que más adelante fue la fuente de riqueza, la tierra. Asimismo, en todos los casos, solo españoles lograron formar parte de la élite social, aunque cabe decir, que algunos de éstos, heredaron tierras a Indígenas.[25]

Llego así a dominar económica y socialmente en el país una aristocracia mixta, burguesa por su formación, debida al triunfo del dinero, por su espíritu de mercantilismo y empresa, sensata, parsimoniosa, de hábitos regulares y ordenados, pero por cuyas venas corría también la sangre de las viejas familias feudales.[26]

Síntesis.

La consolidación de una nueva élite social en Chile, se genera sin lugar a dudas por la nueva dinastía en el poder español. Los Ilustrados con sus nuevas reformas implantadas en Chile hicieron que nuevas familias de España se trasladaran a territorio chileno con el solo fin de enriquecerse y pertenecer en lo alto de la escala social.

Sin embargo, estas reformas implantadas en Chile, beneficiaron solo en el ámbito económico a la clase dirigente, puesto que cada burgués perdió por completo el poder político que tanto anhelaban. Este poder político que recayó en algún momento a la clase burguesa, fue trasladado a personas con basta experiencia que los mismos borbones habían escogido, no podemos olvidar que el motivo de ello fue manejar mejor el imperio, ya que los altos funcionarios que estaban antes de la llegada de los borbónes, cumplían su rol de una manera primitiva, sin tener conocimiento de lo que realmente el cargo ameritaba.

La consolidación de la nueva aristocracia en chile, se produjo por varios motivos, primero la clase burguesa una vez despachada del poder político, se afianzaron con los nuevos funcionarios, se crearon amistades e incluso sus familias se mezclaron, todo por un deseo de poder político, ya que el poder económico que ellos poseían no les bastaba. Segundo, la administración de la tierra cultivada y cosechada, producía en aquel entonces mucha riqueza, generando poder. Y por ultimo, la clase dirigente de Chile tenía casi el mismo poder de la Corona, un poder paralelo, los borbónes tenía el poder político y los burgueses el poder económico. No se puede realizar muchas cosas si el poder político no se afianza con el poder social y económico.

Cada español que en los siglos XVI y XVII fueron de la clase elite, en el siglo XVIII no hizo más que consolidar dicha escala social, puesto que los ideales de la nueva dinastía los acompañaba en sus pretensiones económicas pero no políticas.

De acuerdo a lo anterior, si España no hubiese estado pasando por un momento crítico a la llegada de los borbónes, quizá los borbones no hubieses despojado totalmente del poder político a los burgueses que estaban en Chile. La consolidación de la nueva elite social se dio sin lugar a dudas por las reformas borbónicas pero aún mayor se dio por la ambición de poder total de los burgueses, que persuadieron a cada funcionario con el fin se internarse en el poder político.

No hay necesidad alguna de adentrarnos en aquellas reformas, solo basta saber el ideal político de la nueva dinastía para que nos demos cuenta quienes son los beneficiados, aunque cabe decir que algunas de las reformas beneficiaron a los indios, un logro no menor, puesto que en este siglo se abolió la esclavitud, siendo asalariados los indios que trabajasen en las haciendas.

Podemos decir además que la nueva clase elite estuvo formada por españoles, pero si los indios hubiesen tenido la experiencia de manejar correctamente la tierra, que en algunos casos se les entrego en propiedad privada, la clase dominante o mejor dicho la nueva clase aristocrática estaría conformada por ambas razas.

En el siglo XVIII ya no importaba si era indio o español, lo importante para los borbones que implantaron su ideología en chile no fue más que, el bienestar común se alcanza con la riqueza, dándoles muchos beneficios a ambas razas, especialmente a los ricos.

En fin, la nueva aristocracia en Chile fue la que perteneció a la nueva élite social, alcanzando un poder político y económico que en algún momento no se consolidaba en Chile. Lo importante de esto que ya no importaba si era indio o español, lo importante era estar en bienestar común, alcanzado sólo con la riqueza.

Bibliografía Citada.

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  • Weber Max, Economía y Sociedad, Fondo de cultura económica, Buenos Aires, 1964.
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[1] Sills David, Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales (Edición española) Tomo 4, 487

[2] Weber Max, Economía y Sociedad (México, fondo de cultura económica, 1964) 682

[3] Encina Francisco, Historia de Chile, (Chile, editorial nascimiento, 1970) Tomo IV, 405-406.

[4] Barros Arana Diego, Historia General de Chile (Chile, Editorial Universitaria, 2000) Tomo V, 380-383.

[5] Jhon Lynch, Administración Colonial Española (Argentina, Eudeba, 1967) 143

[6] Encina Francisco, historia de Chile (Chile, editorial Nascimiento, 1970) Tomo IV, 405

[7] Eyzaguirre Jaime, Historia de Chile (Chile, editorial Zig-Zag, 1973) 227

[8] Mellafe Rolando, Historia Social de Chile y América (Chile, Editorial Universitaria, 1986), 86

[9] Zorrilla Enrique, Gestación de Latinoamérica (Chile, Ediciones Nuestra América, 1982) 295

[10] Pinto Sonia, Luz María Méndez y Sergio Vergara, Antecedentes Históricos de la Contraloría General de la República (Chile, Contraloría General de la República, 1977) 142

[11] Jocelyn-Holt Letelier Alfredo, La Independencia de Chile (Chile, Planeta/Ariel, 1999) 47.

[12] Pinto Sonia, Luz María Méndez y Sergio Vergara, Antecedentes Históricos de la Contraloría General de la República (Chile, Contraloría General de la República, 1977) 143

[13] De Ramón Armando, Juan Ricardo Couyoumoljian y Samuel Vial, La Gestación del Mundo Hispanoamericano (Chile, Editorial Andrés Bello, 1992) 372-373

[14] Halperín Donghi Tulio, Historia de América Latina, 3 (España, Alianza Editorial, 1985) 51

[15] Jocelyn-Holt Letelier Alfredo, La Independencia de Chile (Chile, Plantea/Ariel, 1999) 48

[16] Jocelyn-Holt Letelier Alfredo, La Independencia de Chile (Chile, Plantea/Ariel, 1999) 62-63

[17] Pinto Sonia, Luz María Méndez y Sergio Vergara, Antecedentes Históricos de la Contraloría General de la República (Chile, Contraloría General de la República, 1977) 144

[18] Halperín Donghi Tulio, Historia de América Latina, 3 (España, Alianza Editorial, 1985) 56.

[19] De Ramón Armando, Juan Ricardo Couyoumoljian y Samuel Vial, Ruptura del viejo orden Hispanoamericano (Chile, Andrés Bello, 1993) 37-43

[20] De Ramón Armando, Juan Ricardo Couyoumoljian y Samuel Vial, Ruptura del viejo orden Hispanoamericano (Chile, Andrés Bello, 1993) 380-381

[21] Jocelyn-Holt Letelier Alfredo, La Independencia de Chile (Chile, Plantea/Ariel, 1999) 36

[22] Frías Valenzuela Francisco, Manual de Historia de Chile (Chile, Editorial Zig-Zag, 1998) 73-92

[23] Edwards Alberto, La Fronda Aristocrática en Chile (Chile, Editorial Universitaria, 1982) 32

[24] Mellafe Rolando, Historia Social de Chile y América (Chile, Editorial Universitaria, 1986) 87

[25] De Ramón Armando, Historia de Chile (Chile, Editorial Catalonia, 2003) 42-44

[26] Edwards Alberto, La Fronda Aristocrática en Chile (Chile, Editorial Universitaria, 1982) 33

slipknot

•octubre 16, 2007 • 1 comentario

Slipknot la combinación de la molienda, después de la alternativa de metal Korn, Marilyn Manson, Pinter neoconservadores choque de rock y el rap metal contribuyeron a hacer de ellos una de las bandas más populares en el llamado nu metal explosión de los fines de los años 90. Pero aún más útil es su teatro, la atención de asir la imagen: la banda siempre se realiza en la misma industria se adapte a saltar y máscaras de Halloween en casa, y añadió que su misterioso anonimato mediante la adopción de los números cero a través de ocho etapas como alias. Añadir a la preocupación de que una lírica con la oscuridad y el nihilismo, y un nombre para insultar cariñosamente sus fans ( “gusanos”), y Slipknot del plan de nu metal éxito fue establecido.

Slipknot se formaron a finales de 1995, en el improbable localidad de Des Moines, IA; Después de algunos de los primeros cambios de personal, los nueve piezas alineación asentados alrededor (en orden de número cero hasta el número ocho): DJ Sid Wilson, el baterista Joey Jordison, el bajista Paul Grey, el percusionista Chris Fehn, el guitarrista James Root, muestreador / programador Craig Jones, el percusionista Shawn “Clown” Crahan, el guitarrista Mick Thompson, y el vocalista Corey Taylor. La escena musical en Des Moines no es hablar de mucho, y la banda de la gran ambición de tiempo generalmente se reunió con incredulidad y ridículo, que proporcionó la chispa inicial para su mayoría anónimas etapa visuales. En Halloween de 1996, Slipknot libre lanzado un álbum llamado Mate. Piensos. Matar. Repita. , Que comenzó a construir un zumbido en todo el grupo una vez que encontró su camino hacia varias etiquetas. Se recogió para su distribución por el de Nebraska basada ismist etiqueta, y también llamaron la atención de Roadrunner Records, que firmó en 1997 Slipknot. Trabajo con el productor Ross Robinson, Slipknot registradas de sus funciones oficiales, homónimo debut, que fue lanzado en 1999. Progresivamente, construido a través de una audiencia casi constante viajar, trabajar su camino hasta el verano quitarle el viaje combinado, que realmente ampliado su público. Sus shows en vivo se ha discutido mucho éxito con ventiladores metálicos, y la banda realizó con tanta energía que Crahan corte en la cabeza abierta, en su propia batería doble que la de verano, que requieren puntos de sutura en ambas ocasiones. Las pistas “Espere y Bleed” y “Spit It Out” fue la banda algunos radio, pero la mayoría procedían de la sensación de viajar y de boca en boca. Por último, en la primavera de 2000, Slipknot fue certificado platino; El primero de esos álbum en la historia de Roadrunner.

La previsión de Slipknot de seguimiento fue intensa, y muchos observadores de la industria predijeron que debutó en el número uno; Sin embargo, se enfrentan con una dura competencia que algunos semana, la banda del segundo esfuerzo, Iowa, cedido en el momento de su número tres Liberación en el año 2001. Más pesado viajar seguido, incluida la otra, más prominente que en la ranura del metal verano. Después de un largo detallar en la carretera, Slipknot tomó un descanso en tanto que los miembros trabajaron en proyectos laterales. La banda creó su propio sello, Grabaciones Actriz, y ha firmado una banda llamada Downthesun, cuyo cantante se había desempeñado como Crahan del tambor técnico. Wilson, por su parte, comenzó DJing en solitario bajo el nombre de DJ Starscream, y Root y Thompson ambos trabajaron en solitario materiales. Baterista Jordison trabajó con un grupo llamado el lado Rechaza, en donde él sirvió durante bastante tiempo como guitarrista. Taylor, por su parte, inició un lado banda llamada contemporánea, y también contribuyó con una canción en solitario, “Bother”, para la banda sonora de la exitosa 2002 Spider-Man. Que la de mayo, la banda consiguió una cierta prensa divertido cuando algunos de sus aficionados descubrieron el sitio de una cruz grupo británico llamado también “Slipknot”, y los miembros de inundación ‘en las cajas con demasiado grosero e-mails. Guitarrista Joey Jordison y Static X – guitarrista Tripp Eisen equipo ese verano para la autopromoción de proyectos, mientras que Taylor reformado su vieja banda Stone Sour y lanzó un álbum. En el invierno, Slipknot todavía no había reunificado y Taylor escribió un comentario sobre el sitio web de la banda declarando que no habían hablado en meses, y que prefiere dividir a convertirse en “el próximo Gwar”. La declaración provocó una rápida resuelto minifeud entre Taylor y Gwar líder Oderus Urungus. Sino que también envió muchos de los gusanos en picado. A principios de 2003, Taylor se retractó de sus comentarios, y anunció planes para un nuevo álbum de Slipknot. Agosto, el que toda la escuadra de LA huyó de Iowa, donde comenzó a trabajar en el nuevo disco con el productor Rick Rubin. “El Pulso de los gusanos” apareció a principios de 2004 como exclusivos de descarga; Que fue seguida por una amplia lista de canciones para el Vol. 3: The Subliminal Verses. Slipknot, se embarcó entonces en una breve visita como un anticipo de sus fechas incluyendo quitarle ese verano. (El grupo también debutó totalmente rediseñado la tercera generación de su famoso máscaras.) Subliminal Verses fue puesto en libertad en mayo de 2004. Que culminó en la posición # 2 en la lista Billboard 200, y la banda de gira constantemente para el próximo año y medio de apoyo. 2 – lanzaron el disco en vivo álbum en noviembre de 2005. ~ Steve Huey, All Music Guide

wenoo…

aki les va un temaa

spit it out en ivo

¿De que nos sirve el blogfesor?

•septiembre 27, 2007 • 3 comentarios

Es necesario tener un blofesor, puesto que nos sirve para publicar ensayos, tareas, fechas de certamenes, etc. ademas nos sirve para subir informacón relevante a un tema que esta siendo estudiado por el alumnado.

Es necesario por otra parte el uso frecuente del blogfesor, ya que nos permite entregar informaciones a los alumnos, recibir quejas, sugerencias y peticiones, además, es posible hacer uso de un foro para el debate de un tema planteado que hará la participación masiva del alumnado.

conciencia

•septiembre 13, 2007 • 1 comentario

como profesor pretendo, enseñarles a los jóvenes la realidad que vive nuestro país, agregando, que nuestro pasado y nuestras raíces son importantes para entender nuestro presente y así poder proyectarnos a futuro, cabe decir que como profesor en el área de historia y geografía, mi labor es muy inportante, puesto que para cada uno de los alumnos, la experiencia, la formación de docentes y la creación de una conciencia crítica dependen de nosotros mismos, (los profesores)…

hola a todos..

•septiembre 13, 2007 • 1 comentario

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